miércoles, 9 de abril de 2008

Vacío


¿Has sentido alguna vez el vacío?
El verdadero vacío,
el que no se llena con nada porque no puedes llenarlo,
porque no tienes con qué llenarlo.
El que duele, el que hiere, el que tiembla,
el que derrumba aún más los escombros que quedan en tu interior.
El que congela y abrasa a la vez,
el que seca y agrieta, el que perdura...
El que te acompaña aunque no quieras...
El que te envuelve y consume,
se acuesta y levanta contigo...
El que te impide reír y llorar, ser y sentir.
El que no llama a la puerta porque ya está en tí,
en tu interior,
arraigándose en tus entrañas, corazón y alma.

Mucha gente creerá haberlo sentido y no dudo que hayan sentido un vacío alguna vez en sus vidas, pero del que yo hablo es más difícil encontrar a quien realmente lo sienta. Éste que se siente cuando no tienes absolutamente nada en tu vida, ni las pequeñas cosas que las personas poseen (no materiales, obviamente), éste se siente cuando has logrado dar un pequeño paso y todo se esfuma sin saber por qué, cuando intentas no perder algo o intentas construir algo nuevo y sientes que por algún motivo no puedes... y se aleja lentamente. Éste se siente cuando crees que todo es culpa tuya aunque no sepas el por qué, cuando no comprendes que tienes o que haces para que todo siga ese curso. Y la historia se repite, una y otra vez, con otros escenarios, otros rostros, otros hechos, otras emociones... Pero tú sigues siendo tú, y el vacío vuelve... si es que alguna vez se fue.

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